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Sri Lanka, quince días en tuk-tuk

Tangalle

Sri Lanka no estaba en mis planes hasta hace poco. Cuando conocí a mi amiga Neelia, me habló tan bien de la isla de sus raíces, que no tuve más remedio que marcarlo en el calendario para este mismo año.

Elegimos Septiembre por ser temporada media; menos turismo y mejor clima. Después de visitar miles de blogs y foros, decidimos hacer este viaje con nuestro propio tuk-tuk. Queríamos una aventura y no un viaje organizado y, aunque bastante duro, fue la mejor decisión. Destino estrella en 2019 según Lonely Planet, Sri Lanka nos enamoró ya antes de aterrizar.

Un viaje en tren entre campos de té, budas monumentales, elefantes cruzando carreteras como si de peatones se tratase y mucho roti era lo que nos esperaba. Salvaje, exótica y deliciosa, esta fue nuestra aventura en «la lágrima de la India»

Antes de viajar:

VUELO. Viajamos del 3 al 16 de septiembre con Qatar Airways.  Salimos desde Barcelona y solo hicimos escala en Qatar, así que el vuelo fue muy cómodo.

VISADO. Para estancias cortas en Sri Lanka es necesario solicitar un visado. Puedes tramitarlo online en varios sitios, yo lo hice  aquí. Cuesta unos 18 € (20 $), es válido para 30 días y normalmente en menos de 24 horas lo recibes en tu email.

SEGURO DE VIAJE. Viajar con seguro de viaje es opcional. Nosotros preferimos viajar tranquilos ante los imprevistos que puedan surgir y con IATI encontramos la cobertura perfecta.

VACUNAS. Cuando viajo a lugares en los que no he estado antes, visito la web del Ministerio de Asuntos Exteriores. Ahí tienes toda la información relevante: vacunas, meteorología, teléfonos de emergencias, etc. También me inscribo en el registro de viajeros, donde consta cuándo y a dónde viajas.

En cuanto a las vacunas, la única obligatoria para Sri Lanka en la actualidad es la de fiebre amarilla. Infórmate de cuál es obligatoria o recomendada en la Asociación Española de Vacunas.

MONEDA. La moneda oficial desde 1869 es la rupia  de Sri Lanka (LKR).
Al cambio, 1 € = 202 LKR (comprueba el cambio actual). A la hora de retirar efectivo allí no deberías tener problema, hay cajeros ASM en todas las zonas urbanas. Te cobrarán unas 200 LKR de comisión.

Día 1: Negombo – Sigiriya

Eufóricos y cansados, aterrizamos y nos pusimos en marcha. No había tiempo que perder, nos quedaban todavía unas cinco horas de carretera hasta Sigiriya.

La prioridad era conseguir una tarjeta SIM para comunicarnos y movernos durante el viaje, y buscar transporte hasta el lugar donde teníamos reservado el tuk-tuk. Lo primero fue muy fácil, ya nos habíamos asesorado antes  y sabíamos que había tres compañías principales:

– Dialog. La principal compañía en Sri Lanka. Mejor cobertura con 4G en muchas zonas del país. Para que te hagas una idea: 4 GB = 649 LKR, unos 3,20 EUR.
– Mobitel. La segunda compañía más importante y, también, buena cobertura (4 GB = 699 LKR, unos 3,45 EUR).
– Etisalat. Es la tercera compañía. Menos cobertura y sin 4G, de momento (4 GB = 600 LKR, unos 2.95 EUR).

Nos decidimos por Mobitel y, pese al uso indiscriminado del 4G, no tuvimos que recargar en todo el viaje

Lo segundo no salió tan bien. Desconocíamos que UBER funciona en Sri Lanka y que, además, tiene precios muy competitivos. Fuimos directos a coger un taxi tuk-tuk que nos cobró un dineral por unos 10 km de trayecto (1300 LKR). Para que os hagáis una idea, la vuelta la hicimos en UBER por 600 LKR, sin baches y con aire acondicionado.

En cuanto al alquiler del tuk-tuk, también leímos bastante antes de viajar y, basándonos en las críticas y experiencias de otros viajeros, elegimos Pick & Go.

¿Qué necesitas para alquilar un tuk-tuk en Sri Lanka?

CARNET DE CONDUCIR INTERNACIONAL. Lo recomendable es tener al menos el A2, pero en muchos sitios alquilan igualmente sin tenerlo. En cualquier caso, infórmate primero en la compañía. Cuesta unos 10 € tramitarlo en tráfico. Consejo: Hazlo con bastante tiempo de antelación ya que las citas suelen escasear (tuvimos que tramitarlo en Málaga al no quedar citas disponibles en Barcelona).

CARNET DE CONDUCIR DE SRI LANKA. En el caso de Pick & go, también lo requieren. Solo es necesaria una foto de carnet y lo tramitan ellos por unos 40 € (previo envío del carnet internacional).

PACIENCIA Y REFLEJOS NINJA. Viajar en tu propio tuk-tuk es muy recomendable siempre que seas una persona aventurera. Debes saber que, como turista, no puedes superar los 30-40 km/h y tampoco puedes circular por las autopistas (hay tres en toda la isla). Así que un trayecto de menos de 100 km puede llevarte unas 4 horas. Paciencia y disfruta del paisaje. Merece la pena invertir ese tiempo. Se conduce por la izquierda, pitan todo el rato (para que te apartes, para avisar, para saludar…). Las carreteras son muy deficientes, sobre todo  en las Highlands, y los autobuses son los amos kamikaze de la carretera.

Rocky y el resto del personal nos atendieron muy amablemente. Tras llegar a un acuerdo en la tarifa y revisar nuestro Gorrioncillo (así bautizamos al three-wheeler), hicimos una pequeña clase práctica. Con todo aprendido, nos pusimos en marcha, ¡nos esperaban 5 horas de trayecto hasta Sigiriya!

El trayecto hasta Sigiriya se hizo bastante pesado: llevábamos más de 12 horas de vuelo, llegábamos a un lugar desconocido, conduciendo tuk-tuk por primera vez ¡y por la izquierda!. El tráfico es muy loco (peor incluso que el de Vietnam) y no sabíamos qué nos deparaba el camino. Paramos a comprar algo de fruta y thambili (coco) para el camino y llegamos anocheciendo a Sigiriya. Shanaka y su familia nos recibieron y acogieron de la manera más amable posible en su hotel, Nelu Vila.

Día 2: Polonnaruwa

Despertamos entre graznidos de cuervos y chillidos de monos. Al correr las cortinas, somos realmente conscientes de que estamos en Sri Lanka.

Después de desayunar como si no hubiese un mañana, nos pusimos en marcha hacia Polonnaruwa.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982 junto a Sigiriya y Anuradhapura, cuenta con los monumentos más fascinantes de la isla. Lo que nos permite hacernos una idea más real del esplendor de una ciudad grandiosa. El complejo pertenece al conocido como Triángulo Dorado (Anuradhapura, Polonnaruwa y Dambulla). Tiene una longitud de unos 8 km en los que van desplegándose a izquierda y derecha los principales monumentos. Los que se conservan datan de los siglos XI y XII.

Teniendo en cuenta que las entradas a lugares de interés en Sri Lanka son las más caras de Asia, las 3250 LKR que pagamos (unos 16 euros) dieron bastante de sí.

A la hora de visitar la zona hay que saber que las ruinas se encuentran dispersas en diferentes ubicaciones, y que la mayoría son lugares sagrados. Es obligatorio descalzarse al entrar (no olvides llevar calcetines). Ten presente que estás en un lugar de culto, no en una atracción turística así que, por respeto a su religión y a su tradición, lleva tapados los hombros y las rodillas, y no des la espalda a Buda.

Con los pies carbonizados (sí, olvidamos los calcetines) y exhaustos por el calor, vimos nuestro primer elefante en el camino. Volvimos a Nelu-Vila a cenar el mejor kottu roti que he probado, y a descansar. Al día siguiente, visitamos Lions Rock y el segundo punto del Triángulo dorado: Dambulla.

Día 3: Lions Rock – Dambulla

Por consejo de Shanaka, salimos cuando ya había algo de luz para evitar cruzarnos con algún elefante.

Sí, de lo más guay que hay en Sri Lanka es que puedes cruzarte con elefantes en cualquier momento. Sobre todo, al amanecer y atardecer. Aunque todos queremos que esto pase, es mejor verlos de lejos; dependiendo de la situación, pueden llegar a ser muy peligrosos.

También descubrimos que si lo que quieres es ver Lions Rock, en lugar de subir a la cima, puedes optar por subir a Pidurangala, un pico a unos 10 minutos de la roca con cara de león y desde el que tienes las mejores vistas. Eso sí, respira hondo, llévate agua, calzado cómodo y prepárate porque tienes por delante unos 20 minutos de ascenso que se van poniendo interesantes (llegas a escalar rocas en algún punto) a medida que se alcanza a la cima.

¡Nada de elefantes. Cumbre conquistada. Nos vamos a Dambulla (a subir otros 250 escalones hasta llegar al Cave Temple)!

En este punto te das cuenta de que Sri Lanka se ha convertido en lugar de interés turístico. Para entrar es obligatorio descalzarse (lo sabemos y llevamos mochila), pero no te dejan llevar el calzado en la mochila. Te hacen pagar 50 LKR por la «taquilla» para, también, pagar por un sarong (Antonio olvidó cubrirse las rodillas). Y por último la entrada, 750 LKR.

Tras visitar las cinco cuevas, bajamos al Golden Temple , coronado por un buda de dimensiones colosales que a todos, menos a mí, os parece horroroso. Broche de oro (literal) para la jornada, nos vamos a Kandalama.

Lions Rock

Hotel Heritance Kandalama

El Heritance merece mención aparte ya que fue el capricho que nos dimos en este viaje. Diseñado por Geoffrey Bawa, fue construido entre 1992 y 1995 en las afueras de Dambulla.

El complejo está integrado con el entorno natural y es un excelente ejemplo de cómo las instalaciones turísticas pueden convivir con éxito en un paisaje salvaje. Una experiencia para repetir: sostenible, ecológica y de premio (el restaurante y cafetería han sido galardonados, entre otros, con el SAGA Good Food Award durante 10 años consecutivos).

Día 4: Kandy

Nos plantamos en Kandy con la intención de comprar billetes de tren y hacer una visita rápida a la ciudad.

Al llegar al aparcamiento del mercado de Kandy (Kandy Market Hall), los locales no dudan en facilitarnos la entrada, aconsejarnos la visita y ayudarnos con el tema de los billetes. No era necesario comprarlos en Kandy. Si lo que quieres es viajar desde Nanu Oya hasta Ella, los puedes comprar sin problema el mismo día del viaje.

Visitamos el mercado y volvemos a la carretera, complicada por el tráfico y el mal estado de conservación, rumbo a nuestro próximo destino.

Día 5-6: Nuwara Eliya

Sri Lanka es uno de los mayores productores de té y hacemos un alto en el camino para comprobarlo. Conocido como «Little England», Nuwara Eliya nos mostró los paisajes más bellos del viaje.

La denominación de origen Ceylon Tea (té de Ceilán) es indiscutible. En las Tierras altas de Sri Lanka, se cultiva el que, probablemente, está considerado el mejor té del mundo. Las estampas de las mujeres tamiles recolectando hojas de té a una velocidad de vértigo son parte de la esencia de Sri Lanka.

El alojamiento resultó decepcionante. Al principio nos asignaron una habitación a la que bautizamos como «el trapo del barro» (si en el colegio has aprendido a modelar, sabes a qué olor me refiero). Pedimos un upgrade y aunque nos dieron una cabaña de lujo enorme y muy limpia, en el baño, nos recibieron una araña y una cucaracha del tamaño de mi mano.

La parte positiva, “mágica” diría, fue que vi luciérnagas por primera vez. Alucinante.

El día siguiente lo pasamos en la carretera recorriendo la región. Visitamos fugazmente la fábrica de té Blue Field. La zona es impresionante y las vistas, increíbles pero nos sentimos acorralados y presionados por las mujeres tamiles. Trabajan en condiciones precarias así que ven la visita de los turistas como una oportunidad de sacar algo de dinero extra.

En el camino de vuelta nos cruzamos con gente maravillosa que nos indicó el mejor camino a la cascada o nos descubrió un camino en el que nos topamos con ejemplares de mimosa púdica salvaje y volvimos con una sonrisa.

Nuwara Eliya

Día 7: Nanu Oya – Ella en tren

Este trayecto en tren parecía que iba a ser uno de los imprescindibles de este viaje. Quizás al haber estado por nuestra cuenta fue distinto, pero lo cierto es que resultó desconcertante.

Hacer una parte del viaje en tren te permite disfrutar sentado del corazón de Sri Lanka y la belleza del paisaje, pero nosotros veníamos de hacer cientos de kilómetros con todos los sentidos puestos en lo que había alrededor. Olores, sonidos, imágenes que se quedan para siempre… por eso el viaje en tren fue una decepción.

Si no reservas asiento, te espera una jornada de 3 horas hacinado en un vagón con cientos de personas sentadas de tres en tres en pasillos y zonas de paso, sorteando al señor que vende roti y que pasa cada dos minutos… ¡Y al revisor, que pasa cada tres!

Gracias al señor que me cedió su asiento un ratito y a su hija que me ofreció caramelos el viaje fue más ameno. En serio, la gente de allí es una pasada.

El último tramo a Ella lo hicimos sentados y en la estación nos esperaba el chico que nos llevó el tuk-tuk desde Nanu Oya. Pick & Go te da la opción de llevarte el tuk-tuk a donde quieras mientras viajas en tren.

Ya en Ella, dejamos las mochilas en el hotel y fuimos directos al Nine Archs antes de que anocheciera.

Bajando la colina ya se entreven las vías y los cientos de turistas que han tenido la misma idea que tú. En todo el viaje solo nos cruzamos con ellos aquí, en Arugam Bay y Galle. El resto de viaje lo pasamos integrados entre cingaleses.

Por la mañana nos sirven el mejor desayuno del viaje con vistas a Adam’s Peak y con las pilas cargadas volvemos a la carretera.

Nine Archs

Día 8-10: Arugam Bay

Aunque nos resultó masificado y muy turístico, Arugam Bay era visita obligada.

Destino top para los amantes del surf. Aunque suene a tópico Arugam Bay cuenta con varios spots para todos los gustos. Y Antonio disfrutó de dos días de surf y sal que le supieron a gloria. Nos alojamos en el East Surf House , a 5 minutos de la playa principal. El alojamiento está regentado por Rafaela y Sudu, un matrimonio muy atento que nos dio algún consejo.

Nuestra habitación era la única abierta a la naturaleza, y ojeando el manual que nos dejaron, tuvimos mucha suerte de no amanecer con una serpiente por bufanda o un ciempiés entre las zapatillas. Alguna rana simpática en el baño y ardillas pululando por el tejado fueron las únicas visitas.

El primer día comimos a pie de playa entre miles de moscas pesadas que querían mi cangrejo. Después de pasear por la zona y fotografiar cangrejos a destajo, fue imposible hacerse con una tabla. Unos turistas majetes en el Mambo’s le dejaron una de las suyas a Antonio para quitarse el gusanillo esa tarde.

Al día siguiente salimos temprano a alquilar un tablón, lo cargamos en el “tuk-tuk” y directos a Peanut Farm, donde nos aseguraron que habría buenas olas.

El camino de tierra hasta allí fue un infierno y el sol me dejó unas bonitas quemaduras en los empeines, pero mereció la pena por vivir, de nuevo, la experiencia de surfear en el Índico.

Arugam Bay

Día 11-12: Mirissa

Tangalle y Mirissa fueron la mejor parte del viaje. Kilómetros de playas de arena blanca, agua turquesa y pescado cocinado en la orilla.

Llegar hasta allí fue todo un reto, de hecho fue el tramo más largo de carretera: unas nueve horas para hacer algo más de 200 km, pero estos días los disfrutamos más que el resto. Por fin llegamos a playas increíbles donde podías bucear rodeado de peces de colores (¡y un pez globo!). Visitamos la famosa playa del columpio en la palmera (está en la playa Dalawella, se accede desde el hotel Dream Cabana).

Pasamos por la playa de Rekawa con la intención de ver tortugas, pero solo encontramos una muerta en la orilla. Donde sí vimos tortugas fue en Hikkaduwa, aunque no tiene mucho encanto natural; es una atracción para turistas. A las tortugas les han enseñado a ir a la orilla para que los visitantes las alimenten y puedan tocarlas.

Mirissa es zona de pescadores, por lo que hay puestos de venta a lo largo de la carretera y en la playa. Lo típico es elegir el pescado fresco y que lo cocinen para comerlo delante del mar.

También es zona de avistamiento de ballenas, y aunque es un sueño por cumplir, no quisimos participar del negocio. Decenas de barcos estresan a los gigantes marinos por conseguir la foto de una cola asomando a kilómetros de distancia. Invertimos ese tiempo en gritar como enanos cada vez que veíamos una especie nueva debajo del agua.

Como buenos turistas también fuimos a hacer la típica foto de las palmeras (palm tree grove). Desde la parte de atrás de Maison d’Hotes en Sanda beach, hay un caminito marcado por el que se accede fácilmente.

Nos costó un poco encontrar el hotel pero, finalmente, la suerte se puso de nuestro lado y estuvimos muy cómodos. Nos ofrecieron una habitación superior por la baja ocupación y nos ayudaron en todo momento con las dudas que les planteamos. Tuvimos tiempo hasta de visitar el skatepark Midigama, escenario de este vídeo del mítico, y tristemente fallecido, Dylan Rieder.

Mirissa

Día 13-15: Galle

¡Última etapa de la aventura! En Galle lo mejor que encontramos no fue un lugar, fue una persona.

La mayor atracción de Galle es su fuerte, la mayor fortaleza construida por los europeos en Asia. Visitamos la zona fortificada pasando por callejuelas, patios, iglesias, templos y mezquitas hasta llegar al faro blanco, todo un símbolo de la ciudad y desde donde contempla Unawatuna.

Pero más allá de la arquitectura y la historia del lugar, lo que nos dejó huella fue Indika, el dueño de la residencia en la que nos alojamos, que era también su casa. Puedo decir que es la persona más inspiradora y honesta que he encontrado nunca. A sus 34 años es todo un ejemplo de cómo cualquiera puede conseguir lo que se proponga con determinación y constancia.

Galle

El camino de vuelta hasta Negombo fue el más difícil hasta el día de hoy. Muchos kilómetros que parecieron aún más por el cansancio y las ganas de llegar al destino.

Volvemos a casa con una experiencia que tardaremos tiempo en asimilar y que, a día de hoy, nos sigue enamorando cuando recordamos.

Equipaje imprescinbible

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